Ceuta, una peculiar ciudad con una gente también muy peculiar, una cierta disgregación social rodea este sitio; allí las cosas se consiguen por acuerdos mutuos con contactos, desde los organismos oficiales del gobierno hasta la secretaria de la universidad, todo funciona mediante contactos. Es algo que muchos de los que viven allí niegan rotundamente, pero es una realidad que se  hace evidente en cada movimiento burocrático que uno necesite hacer.

Lo que más me impactó al llegar a Ceuta fue la masiva presencia militar en esta ciudad. Me quedé pasmada al ver a los soldados caminando en fila por las calles con sus armas e incluso pasaban tanques por medio de la ciudad y me sentí como si me encontrara en un terreno en guerra. Lo relacioné de inmediato con la necesidad que tiene el gobierno de demostrar que son capaces de defenderse ante cualquier posible revuelta popular en la que los marroquíes reclamen esta ciudad como suya. Pero yo les diría que se esfuerzan demasiado para algo que no va a ocurrir, tanto los españoles como los marroquíes en Ceuta están más que conformes en que esta ciudad sea española. También me sorprendió que en las aduanas muchas veces no nos registraran adecuadamente y me di cuenta de que esa era una frontera como la que había entre México y Estados Unidos: una frontera en la que se dejaba fluir el tráfico de la droga y en el caso de Ceuta estaba pensado para mantener la diferencia entre los barrios con mayoría marroquí como El Príncipe y los barrios con mayoría española como Hadú. Saben que la droga va a parar entre los marroquíes y que eso va a hacer que se perpetúen los conflictos en sus barrios, que se maten entre ellos los moros mientras los españoles se hacen con los cargos de poder en Ceuta. Nada nuevo, siempre la misma historia.