Después de casi 40 años de ejercicio profesional en el periodismo, Luis Miguel de Dios (Guarrate, Zamora, 1854), prejubilado de RNE en la actualidad, ha reorientado su vida en la narración. De momento, ha reunido doce cuentos que trenía escritos, y junto con otros nuevos, ha dado a la imprenta ‘El llanto del trigo’, que este martes se presenta en la Librería Café Ateneo, a las 19:00 horas. Estará acompañado por el director general de Público.es, el palentino José María Crespo, y por el director de RNE en Palencia entre 1983 y 1987, Francisco Alcántara.

–¿Esta ha sido su primera incursión en la narrativa?

–Ha habido algunas, pero en libros colectivos. De manera individual ha sido esta la primera.

–¿Cuál es el origen de este libro?

–Es una vieja aspiración, o deseo mejor dicho. A mí siempre me ha gustado escribir. Tenía cuentos empezados, otros guardados… Y ahora, con un poco más de tranquilidad, me he decidido a recogerlos y a publicarlos en un libro. Algunos tienen unos cuantos años y otros son más recientes.

 

–¿Un periodista como usted de qué fuentes narrativas ha bebido?

–Fundamentalmente de la experiencia de la vida. Los doce cuentos son inventados, pero con una base real. Está perfectamente identificable el paisaje que se describe y las historias que se cuentan, que se desarrollan en pueblos de agricultura de llanura, como puede ser la zona de La Guareña, de Zamora, de donde soy yo. También puede ser la Tierra de Campos o el Cerrato. Son vivencias que he ido acumulando desde pequeño, que he visto, que conozco, que de alguna manera son la base, la raíz, la simiente estos cuentos. Luego ya funciona la invención, la ficción y el desarrollo de la trama.

–¿Su experiencia como periodista ha contribuido?

–No. Lo que sí sirve mucho es haber escrito cientos de reportajes y miles de artículos. Vas adoptando un estilo que no tiene que nada ver con el literario, pero sí sirve para acertar con el lenguaje y sobre todo para dar a algunos de los temas un enfoque que no es estrictamente periodístico, pero en el que sí se nota un poco la mano del periodista. Hay un cuento que se titula ‘El entierro’ en el que la noticia que lo origina es de agencias, como las que estamos acostumbrados a trabajar en la prensa prácticamente todos los días. En el libro hay más del escritor que del periodista, pero no te puedes desdoblar al cien por cien.

–¿Cómo retrata el mundo rural?

–Hay de todo, pero fundamentalmente con una cierta nostalgia. El propio título ya incluye la palabra llanto, porque hay un poso de tristeza o de dolor al ver cómo gran parte de esta civilización del mundo rural, de los pueblos pequeños, está agonizando. Muchos de los protagonistas de los cuentos han nacido aquí y se han tenido que ir, bien forzados por la situación, bien porque no encontraban una forma de vida. Ellos recuerdan, algunas veces con dolor, otras veces con alegría o con sentimiento, el tiempo que pasaron en sus lugares de origen. Esto me ha servido para recoger de alguna manera cómo se vivía o lo que pasaba en pequeños pueblos hace unos cuantos años, cuando empieza la emigración, en los sesenta del siglo pasado. Yo eso lo he vivido de niño. Veía aquella sangría, que por desgracia ha continuado bastante tiempo después y continúa ahora.

–¿Es pesimista?

–Soy un poco pesimista, pero no fatalista. Creo que todavía estamos a tiempo de recuperar muchas cosas, pero hay que ponerse a ello. Hemos perdido demasiado tiempo. Cada vez que oigo en las instituciones que van a hacer algo… Si está ya todo estudiado, hay libros blancos, comisiones… Lo que hay que hacer es tomar medidas, pero medias en serio, dar un puñetazo en la mesa y decir que ahora mismo en Castilla y León hace falta un plan serio que recupere población, al estilo de la edad media, porque si hay una población de 60 años de media, por muchos incentivos a la natalidad que se pongan, no van a parir las abuelas. Hay que buscar otras medidas que sean bastante más imaginativas y arriesgadas, pero no les veo todavía por la labor. Delibes decía que estamos enterrando esta civilización y ni siquiera somos capaces de cantarles el funeral.

–¿Entonces cree que las administraciones no están haciendo lo suficiente?

–Parece que ahora se han puesto más en serio, porque están sonando alarmas por todos los lados, incluso a nivel nacional, ya se empieza a decir que muere más gente de la que nace, pero algunos lo llevamos diciendo desde los años setenta y principios de los ochenta. Ya es hora de que este se aborde. Para mí, es el principal problema que tiene Castilla y León desde hace bastantes años.

–¿Va a seguir en la narración?

–La narración siempre me ha tirado, desde pequeño. Estudié Periodismo porque me gustaba escribir. Esa vocación literaria ha quedado un poco tapada por los años dedicados al periodismo. Ahora que tengo más tiempo y más reposo, me estoy centrando. Tengo otros cuentos pensados, e incluso una novela que he empezado a escribir.

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Un cuentista novel en Palencia